7 Ago 2017
El 1 de septiembre de 1453 nacía en la localidad cordobesa de Montilla, Gonzalo Fernández de
Córdoba y Enríquez de Aguilar, el genio militar que cambiaría para siempre el«arte de la guerra».
Gonzalo formó parte de una generación que iba ser educada en unos nuevos principios basados en la lealtad a la corona. De hecho, será de su pariente, el rey Fernando El Católico, de quien los aprenda pues el monarca había decidido reunir a un grupo de jóvenes nobles para convertirlos en capitanes de un ejército moderno capaz de combatir al reino musulmán de Granada. Gonzalo se forjaría así como soldado en la guerra contra el reino nazarí de Granada. Durante aquella larga guerra se ganó la fama de ser un capitán audaz, algo que quedó demostrado a través de numerosos actos heroicos.
Los Reyes Católicos le recompensaron con la tenencia de Antequera, el señorío de Órgiva y un encomienda.
También colaboró en la redacción de las Capitulares de Rendición del Reino de Granada, con decidida postura en favor de una solución negociada al conflicto. Su vida vuelve a cambiar cuando en 1495 embarca hacia otra campaña en Nápoles. Su cometido era detener el avance de los franceses. Recurriendo a toda la experiencia ganada durante la Guerra de Granada, dejó Calabria libre de enemigos, conquistó la provincia de Basilicata y entró triunfante en Nápoles. Fue entonces cuando se le empezó a conocer como «El Gran Capitán».
Sin embargo, la paz no duró demasiado. Aunque el rey francés Luis XII había firmado un tratado con Fernando el Católico para repartirse el reino napolitano, no tardarían en llegar las discrepancias. El «Gran Capitán» se dispuso a enfrentarse a los enemigos de España una vez más. Llegaría así la batalla de Ceriñola que, sin duda, cambió la historia. El Gran Capitán se alzó con la victoria contra todo pronóstico. Hasta ese momento la fuerza de los ejércitos se había medido en función a la cantidad de caballería pesada. Tras
este conflicto, la mentalidad militar evolucionó y comenzó a primar la infantería. Finalmente, Gonzalo terminaría siendo relevado de su puesto de forma inesperada: Fernando el Católico desconfiaba de su enorme éxito. El monarca, a modo de prueba, le llegó a pedir un registro de gastos para asegurarse de que no había malgastado los fondos reales. Algo que Gonzalo consideró humillante. Como respuesta dirigió a la monarquía sus conocidas «Cuentas». Irónicamente incluyó en el capítulo de gastos cantidades tales como: «Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el rey pedía cuentas al que le ha regalado un reino».
Esto no debió de sentar muy bien al monarca que decidió alejar a Gonzalo de Nápoles. A partir de entonces, el Gran Capitán tuvo que adaptarse a una vida más tranquila en España lejos de sus añoradas contiendas. Sin embargo, lo que sí nos legó este genio fue una reforma militar que perduraría durante
siglos.
Fotografía: Fotocórdoba