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La Calleja de las Flores está en el centro histórico de Córdoba, en Calleja de las Flores, 14003. Es una calle sin salida donde proliferan las macetas pintadas en color azul sobre las paredes y que desemboca en una pequeña plaza octogonal.
La imagen más buscada está justo en el fondo de la plaza, al girar hacia la entrada, se ve la torre campanario de la Mezquita-Catedral encajada al final de la calleja.
La Calleja de las Flores es un estrecho azucaque que desemboca en una pequeña plaza octogonal, desde donde se obtiene una de las vistas más conocidas de la torre de la Mezquita-Catedral.
En sus comienzos, este lugar no era la atracción turística que es hoy, sino una barrera o callejón residencial que formaba parte del centro histórico. En documentos del siglo XIX y en planos antiguos, como el de 1811, se la relaciona con la Calle de las Comedias, hoy Velázquez Bosco, llamada así por la presencia de un teatro antiguo en ese lugar.
Aunque también se le llamó Calle de los Jazmines, el nombre Calleja de las Flores aparece en crónicas de finales del siglo XIX, por la costumbre de los vecinos de plantar flores en una plazuela pequeña.
El giro decisivo llegó a mediados del siglo XX con la visión de los alcaldes Alfonso y Antonio Cruz Conde, cuando se intentó embellecer Córdoba para atraer el turismo, convirtiendo espacios deteriorados en lo que algunos críticos denominaron un trampantojo cinematográfico. En ese proceso, la participación de Rafael Bernier Soldevilla y Enrique Romero de Torres fue clave. Bernier ideó de manera casi extraoficial la fuente octogonal de la plaza, utilizando una columna romana y un capitel corintio del Museo Arqueológico para dar al conjunto un aspecto más genuino y popular.
La Calleja de las Flores es una calle sin salida donde proliferan las macetas pintadas en color azul sobre sus paredes. Al final, desemboca en una plazoleta central.
Aquí lo imprescindible es admirar la típica imagen de las calles de Córdoba y fijarse en cómo la calleja funciona como calle barrera: la plazoleta se bifurca en otra sin salida en la que nadie repara.
La foto imprescindible se toma desde el fondo de la plaza, girándonos hacia donde hemos entrado, para ver la torre campanario de la Mezquita-Catedral que parece encajarse en la calleja.
Macetas pintadas en azul.
Plazoleta central.
Bifurcación en otra calle sin salida.
Foto desde el fondo de la plaza con la torre campanario de la Mezquita-Catedral encajada.
La Calleja de las Flores se reconoce porque es una calle sin salida donde proliferan las macetas pintadas en color azul sobre sus paredes. El acceso se puede realizar sin problema a la callejuela, salvo por el pavimento de chino cordobés, que no es el mejor para cualquier persona, sobre todo si se cuenta con algún tipo de ayuda a la movilidad. Salvo por eso, puede ser visitable.
La calle ha sufrido diferentes cambios a lo largo de los años para mejorar su estética y asegurar su estructura.
En arcos y pavimentación, las losas de granito y el empedrado convencional reemplazaron las viejas baldosas de cemento. También se incorporaron los arcos que atraviesan la calle. Estos enmarcan la vista de la torre de la Catedral y contribuyen a mantener las fachadas de las casas viejas.
En cuanto a la flora, la ornamentación se intensificó después de la posguerra, cuando las familias que se trasladaron allí decoraron sus balcones con flores. Hoy la calleja es reconocida por sus macetas multicolores de petunias, gitanillas y geranios.
En la plaza, se ideó la fuente octogonal que se conoce hoy, empleando una columna romana y un capitel corintio del Museo Arqueológico para dar al conjunto un aspecto más genuino y popular. Una modificación reciente en su apariencia ha sido la pérdida o el daño de la cruz de hierro forjado que adornaba la fuente central.
La Calleja de las Flores se define como un azucaque, es decir, una calle sin salida que desemboca en una pequeña plaza octogonal. En documentos del siglo XIX y en planos antiguos, como el de 1811, se la relaciona con la Calle de las Comedias, hoy Velázquez Bosco.
Aunque también se le llamó Calle de los Jazmines, el nombre las Flores aparece en crónicas de finales del siglo XIX por la costumbre de plantar flores en una plazuela pequeña. Esa ornamentación se intensificó después de la posguerra, cuando las familias que se trasladaron allí decoraron sus balcones con flores, y hoy se reconoce por macetas de petunias, gitanillas y geranios.
En la plaza, uno de los elementos más singulares es la fuente octogonal ideada por Rafael Bernier Soldevilla, empleando una columna romana y un capitel corintio del Museo Arqueológico. Una modificación reciente en su apariencia ha sido la pérdida o el daño de la cruz de hierro forjado que adornaba la fuente central.
Visita guiada a la Calleja de las Flores en Córdoba
Si se pregunta qué hacer en Córdoba, le recomendamos visitar la Calleja de las Flores contratando una de nuestras visitas guiadas. Elija hacer turismo de calidad con personal cualificado, no lo dude.
Y si lo que más le interesa de este rincón son las macetas y la tradición de decorar balcones y fachadas con flores, esta parada encaja especialmente bien con nuestra visita guiada por los Patios de Córdoba.
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