11 Ago 2017

Córdoba durante época omeya no sólo fue una de las ciudades más importantes de la Edad Media, sino que también contó con un récord referente a un tipo de edificio concreto: se dice que Córdoba era la ciudad con más baños públicos abiertos. Las cifras bailan, pero muchos investigadores barajan que entre unos 500 y 600 hammam pudieron estar funcionando en la capital del Califato.

El baño árabe es un claro sucesor de las termas romanas. Punto de reunión y lugar para ponerse a punto en cuanto a tratamientos estéticos se refiere, los musulmanes introducirán un factor más a ello, el religioso, porque al visitar el hammam se considerará que el cuerpo se ha purificado no sólo por fuera, sino también por dentro.

Si el baño ritual que se tomaba antes de entrar a la mezquita se considera una ablución menor, el baño en el hammam era considerado la ablución mayor.

El baño contaba también con dos tipologías, como en época romana, teníamos baños privados para aquellos que se lo podían permitir y baños públicos para el resto del común de los mortales. En ellos, la distribución era muy similar a las termas, con una sala fría, templada y caliente. La diferencia más evidente en cuanto a distribución es que en las termas romanas contábamos con piscinas (natatio, en latín), en el caso del baño árabe el aseo se realizaba a base de ducha fría y vapor.

Era un edificio con una sola entrada y salida, por lo tanto, la sala fría sería inicio y final del baño. Tras recibir una primera ducha fría, se pasaría a la sala templada donde normalmente existía un espacio de belleza para teñirse, hacerse la manicura, pedicura, perfumarse y maquillarse.

La sala caliente contaba con hornos o calderas para generar el vapor y, una vez terminado el proceso, volveríamos a salir por la sala fría para tomar una última ducha y purificarnos.

El horario se dividía por género, como en las termas romanas, normalmente los hombres accedían a ellas por la mañana y mujeres por la tarde.

Como curiosidad, al entrar en la zona de vestuario eras despojado de tus ropas y te entregaban una toalla y unas chanclas de corcho, para evitar quemaduras en la sala caliente, algo que seguimos manteniendo en los balnearios actuales.

Esta tradición, a pesar de la llegada de los cristianos y el veto por parte de la corona, va a seguir vigente en nuestra ciudad gracias a iniciativas de familias que seguirán manteniendo baños de época andalusí como baños públicos, gestionándolos para posteriormente convertirlos en una vivienda que integra todavía muchas partes del hammam en ella.

Uno de esos curiosos casos son los baños árabes de Santa María que hoy en día cuentan con un restaurante en su interior, concretamente, en la sala caliente del antiguo baño se puede disfrutar de un espectáculo flamenco en un rincón donde la Historia brilla y canta por sí sola.

Foto: Wikimedia Commons