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Pacheco, el último bandolero romántico de Córdoba - Cordoba a Pie

Pacheco, el último bandolero romántico de Córdoba

Pacheco pasó a la historia local como el último bandolero romántico

La historia de Córdoba está plagada de personajes que destacamos siempre que visitamos los rincones de nuestra ciudad, pero como os podéis imaginar, hay un sinfín de hombres y mujeres que han pasado a la historia en nuestra capital por diferentes razones, algunos protagonizando famosas historias de amor, actos heroicos o alguna leyenda con más invento que verdad. Quizás el personaje que hemos escogido no sea el más honorable de todos, pues se trata de un famoso bandolero, pero seguro que las correrías que realizó en vida dan para escribir mucho más que este sencillo post.

José Tirado “Pacheco” fue un bandolero que causó terror y admiración a partes iguales en la segunda mitad del siglo XIX. Natural de Écija, pronto se afincó en nuestra capital donde traía de cabeza a la Benemérita causando estragos en la campiña cordobesa y sevillana. Los pueblos de La Carlota, Écija o Fuentes de Andalucía eran algunos de los lugares donde realizaba sus fechorías. Exigía pagos a los agricultores y cortijos, pero, si tenía oportunidad, se colaba en Córdoba vestido de sacerdote para robar en las casas más pudientes de la zona.

Por supuesto, como todo buen bandolero, contaba también con una amante en la ciudad a quien visitaba cada vez que la Guardia Civil le dejaba y así pasar largas noches en las tabernas de la capital.

Pero, quizá una de las bribonadas que causó uno de los episodios más rocambolescos de nuestra ciudad, ocurrió el día en el que Pacheco quiso de algún modo deshacerse de su historial delictivo de una forma más que peculiar y con la Revolución de 1868 como fondo.

En este extracto de “Notas cordobesas” narran cómo sucedió:
“El bandolero famoso creyó que también había llegado el momento de decidir su suerte y una mañana, montado en una briosa jaca, seguido de sus compañeros de cuadrilla, de muchos amigos y de una turba de desarrapados que gritaba con toda la fuerza de sus pulmones: “¡Viva el general Pacheco!” recorrió las principales calles de la población y fue a detenerse en la plaza de la Trinidad, ante el palacio del Duque de Hornachuelos, jefe político entonces de la provincia.

El bandido entregó a los criados del Duque, para que lo hicieran pasar a manos de éste, un memorial en el que se solicitaba el indulto, ofreciéndose a cambio, a ir a pelear en los campos de Alcolea, en el sitio de mayor peligro.

Los inusitados vítores y aclamaciones de las turbas extrañaron al general Caballero de Rodas, que se hospedaba en el palacio del jefe político de la provincia; preguntó quién era aquel hombre y la causa de tal alboroto, y, cuando lo supo, ordenó que citasen al malhechor para el siguiente día a la misma hora”.

El general Caballero de Rodas, tras informarse del historial delictivo del protagonista, decidió preparar una trampa para el bandolero. Al día siguiente, Pacheco entró por todo lo alto en la ciudad y de nuevo, se empezó a formar a su alrededor la caterva de personas que le hizo las veces de comitiva y empezaron a vitorearlo y alabarlo como si de un héroe se tratara. Pero, al llegar a la Plaza de la Trinidad, Caballero de Rodas le tenía preparado una trampa: cuando el bandolero se plantó delante del cuartel militar de la plaza de la Trinidad, un tirador le estaba esperando escondido en un edificio cercano y a una señal del general, le descerrajó un tiro en la cabeza. Pacheco cayó fulminado, la muchedumbre huyó despavorida y sus adeptos se refugiaron para evitar represalias.

Pacheco pasó a la historia local como el último bandolero romántico y causó sensación en su momento, tal fue el caso que nuestro afamado pintor Julio Romero de Torres tenía de mascota a un galgo de color negro con nombre Pacheco, en honor de este bandolero. Aún a día de hoy se puede ver una foto del can junto a una fotografía del personaje que le dio su nombre en el museo de Julio Romero de Torres.