19 Nov 2018

En pleno centro de Córdoba, entre las calles Claudio Marcelo (general romano, fundador del primer campamento militar que dará origen a la Colonia Patricia Corduba) y Alfonso XIII, junto al ayuntamiento de la ciudad, se erige uno de los vestigios romanos presentes en la actual ciudad ribereña del Guadalquivir. El Templo Romano de la calle Claudio Marcelo formaba parte de uno de los más ambiciosos planes urbanísticos de la época que, junto con una plaza intermedia utilizada para el disfrute de la población y el circo romano, constituían el complejo de culto imperial de la ciudad.

No es casualidad el enclave del templo, se encuentra a los pies de promontorio que, a pesar de los siglos transcurridos desde el siglo I d.C., sigue presentando la misma topografía. La muralla romana fue construida a los pies de dicha elevación dando así un carácter más defensivo a la misma. En esta misma orientación discurriría la Vía Augusta, principal nudo de comunicaciones entre la capital de Bética y la urbe, Roma, y que tuvo que ser desviada más hacia el norte, actual calle San Pablo, para poder acometer la construcción del complejo (sobre todo, el circo).

Los primeros hallazgos de dicho templo acaecieron allá por el siglo XVI de manera casual, cuando se construyeron las primeras Casas Consistoriales, interpretándose desde entonces como los restos del Anfiteatro de la ciudad hasta bien entrado el siglo XX. Habría que esperar hasta 1958 cuando se produjo la primera excavación con base más científica cuando al derribar unos edificios aledaños, se encontraron múltiples restos arqueológicos que permitieron asegurar que nos encontrábamos ante los restos de un templo de época imperial. Pese al interés suscitado, las obras estuvieron paralizadas hasta los años 80, cuando se acometieron diferentes intervenciones que se prolongaron en el tiempo, descubriéndose muchos más restos que atestiguaban su cronología julio-claudia, así como los diferentes pórticos de entrada, como es el caso del pórtico occidental descubierto en una excavación de la contigua calle María Cristina, el septentrional que se encuentra dentro de la casa consistorial, así como el sur.

Partes del Templo Romano de Córdoba

El templo romano de Córdoba cumplía la clásica estructura, se articulaba en torno a una escalinata, que servía de acceso a la pronaos o vestíbulo que, a su vez, comunicaba con la cella donde se situaba la estatua de culto al que fuera consagrado el templo. Era un templo hexástilo (fachada principal de seis columnas exentas) y pseudoperíptero (columnas circundantes que se encontraban adosada a los muros). Todo el edificio se asentaba sobre una plataforma artificial para salvar el desnivel natural del lugar.

 

Oficina de Córdoba a Pie

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Se construyó con mármol de Carrara traído de Italia, así como mármoles autóctonos, con capiteles de orden corintio.  También se piensa que se pudieron utilizar mármoles de colores. La cimentación se realizó a base de sillares, piedra de la sierra de Córdoba, en forma de paralepípedo en hileras regulares (Opus Quadratum) reforzados por el cemento romano, Opus Caementicum. El conjunto estuvo reforzado con una especie de contrafuertes (antérides) que hoy se conservan, para poder soportar la fuerza que el templo ejercería por la propia inclinación del terreno elegido para la edificación.

Desde siempre se utilizó como modelo para poder comparar el templo, al imponente Maison de Carrée de Nîmes, ciudad del sur de Francia. Sin embargo, recientemente cobra fuerza la teoría de que el templo en el que se fijaron los constructores cordobeses fue un templo de época de Augusto dedicado a Apolo, situado en la colina del Palatino en la capital romana, aunque todo pasado por el filtro de los trabajadores cordobeses.

No se sabe con exactitud a qué divinidad estuvo consagrado el templo, pero basándonos en la época de construcción y su culto imperial, posiblemente se dedicase a la memoria del emperador Claudio que fue divinizado. Pero posiblemente, con el paso del tiempo y el abandono del circo y de la plaza que lo precedía, el templo cambió de uso a la vez que quedó aislado por la construcción de un pórtico que precedía al templo.

Este vasto complejo formado por tres estructuras tan importantes, tiene claro antecedentes en la propia Roma (Casa Apolo, Casa de Augusto y el Circo Máximo), así como en otras importantes ciudades del imperio, como en Tarragona capital de la Hispania Citerior, como Córdoba lo fue durante la época Altoimperial de la Bética. Todos estos ejemplos de similares construcciones nos arrojan información sobre el uso que tendría dicho complejo como, por ejemplo, festividades, juegos, sacrificios, procesiones, … Todo ello construido en la capital de la provincia por las diferentes comunidades que poblaban dicho territorio y que todos los años enviaban sus representantes para elegir al flamen que se encargaría del culto imperial al que estaba dedicado tan magnánima construcción.

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