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El barrio de San Andrés y San Pablo ocupa el sector norte de la Axerquía, dentro del distrito Centro histórico de Córdoba. Limita al norte con Santa Marina, al este con San Lorenzo y La Magdalena, al sur con San Pedro y al oeste con El Salvador y la Compañía y San Miguel-Capuchinos. Administrativamente forma una única entidad de barrio, aunque nació de la unión de dos collaciones medievales distintas: la de San Andrés, parroquia fernandina, y la de San Pablo, levantada en torno al convento dominico del mismo nombre.
Lo que distingue a este barrio de otros del casco histórico cordobés es su doble origen: por un lado fue zona de labradores con grandes casonas y patios de labranza, y por otro se convirtió en asiento de algunas de las familias más influyentes de la ciudad, como los Luna, los Hoces y los Villalón, que dejaron aquí palacios y casas solariegas. Calles como San Pablo, antiguo trazado de la Vía Augusta, y plazas como la de San Andrés o la de Orive conservan hoy ese doble carácter, popular y señorial a la vez.
Tras la conquista cristiana de Córdoba en 1236, el rey Fernando III otorgó en 1241 el fuero que organizó la ciudad en catorce collaciones, siete en la antigua Medina o Villa y siete en la Axerquía. San Andrés fue una de las siete collaciones de la Axerquía, con parroquia propia construida sobre los restos de la antigua basílica de San Zoilo, junto al trazado de la Vía Augusta.
El barrio de San Andrés permaneció escasamente poblado durante buena parte del siglo XIII, sin contacto con la muralla de la ciudad. La situación cambió cuando Fernando III cedió terrenos dentro de esta collación para levantar el convento de San Pablo el Real, uno de los primeros conventos dominicos fundados en España, cuya advocación se debe a que la conquista de la ciudad coincidió con la festividad de San Pablo. El convento actuó como núcleo repoblador y, desde mediados del siglo XIII, atrajo nuevos vecinos a su entorno; a finales de esa centuria ya estaba urbanizada en dirección este-oeste la calle de San Pablo, heredera de la vieja Vía Augusta.
A partir del siglo XV el barrio ganó peso social: familias como los Luna, los Hoces y los Villalón se instalaron en la zona y construyeron sus casas principales. En 1464 se fundó el convento de Santa Marta, el cenobio de clausura más antiguo de Córdoba que sigue habitado sin interrupción, y en 1560 el arquitecto Hernán Ruiz II levantó para la familia Villalón el palacio hoy conocido como Palacio de los Villalones o de Orive, considerado el mejor ejemplo de arquitectura civil renacentista de la ciudad.
El convento de San Pablo fue cerrado en 1835 con la desamortización y, ante su estado ruinoso, se ordenó su derribo en 1848; solo se conservó la iglesia. Con el paso de los siglos, las dos antiguas collaciones (la parroquia de San Andrés y el núcleo urbano crecido en torno a San Pablo) terminaron fundidas en un tejido urbano continuo, hoy reconocido administrativamente como el barrio único de San Andrés-San Pablo, dentro del distrito Centro.
Además de sus grandes monumentos, el barrio conserva un amplio conjunto de arquitectura popular protegido por el Ayuntamiento, con casas de una y dos plantas y fachadas encaladas repartidas por calles como Ocaña, Las Parras o Alfaros. Este es un recorrido por sus rincones más destacados.
La plaza de San Andrés es el centro neurálgico del barrio y da nombre a una de las dos parroquias fernandinas del recorrido, cuya historia y horarios de visita están recogidos en el artículo dedicado a la iglesia de San Andrés. En el centro de la plaza se alza una fuente barroca construida en 1664 para la plaza del Salvador y trasladada aquí en 1861. Hasta 1813 lució un escudo con un águila imperial francesa que los vecinos destruyeron para borrar el recuerdo de Napoleón.
En la plaza de Orive se levanta el Palacio de los Villalones, construido en 1560 por el arquitecto Hernán Ruiz II para la familia Villalón y considerado el mejor exponente del Renacimiento civil cordobés. Sirvió como cuartel y prisión durante la ocupación napoleónica y después como oficina de Correos, Escuela de Artes y Oficios y astillero municipal; hoy alberga la Delegación de Cultura del Ayuntamiento. A su lado, los Jardines de Orive, inaugurados en 2004 sobre las antiguas huertas del convento de San Pablo y del propio palacio, esconden restos arqueológicos de un circo romano y de viviendas almohades hallados en las excavaciones de 1992.
La calle de San Pablo traza el antiguo eje de la Vía Augusta y conserva el nombre de la collación que creció junto al convento dominico. Por ella se llega a la iglesia de San Pablo, situada frente al Ayuntamiento de Córdoba, cuya historia y visita están detalladas en su propio artículo dentro de esta serie. El entorno mantiene el trazado estrecho e irregular típico de la Axerquía medieval, con casas de fachada encalada y patios que se asoman a la calle.
Fundado en 1464, el convento de Santa Marta es el cenobio de clausura más antiguo de Córdoba que continúa habitado sin interrupción, hoy por monjas jerónimas. Su iglesia, construida entre 1479 y 1511, mezcla el gótico tardío con el primer Renacimiento en el estilo conocido como gótico isabelino. Desde 2021 su patio de acceso participa en el Festival de los Patios Cordobeses.
En la plaza de la Fuenseca se conserva una fuente del siglo XV que debe su nombre irónico al escaso caudal que tuvo siempre: solo en los años muy lluviosos el agua llegaba a colmar su taza. Trasladada de lugar en 1760 y de nuevo en 1808, hoy vierte agua por cuatro caños de bronce bajo la imagen de San Rafael flanqueada por dos faroles, y sigue siendo un punto de referencia para los vecinos del barrio.
San Andrés y San Pablo está integrado en el casco histórico de Córdoba, a corta distancia a pie de la Mezquita-Catedral y de la Plaza de las Tendillas, y linda directamente con el entorno del Ayuntamiento y la Plaza de la Corredera. Es un barrio que se recorre andando, con calles estrechas y en buena parte peatonales o de tráfico restringido, como corresponde a su trazado medieval.
Las líneas urbanas de Aucorsa conectan el distrito Centro con el resto de la ciudad, con paradas en las calles y avenidas que rodean el barrio. Para quienes llegan en coche, lo más práctico es dejarlo en alguno de los aparcamientos públicos del centro histórico y continuar el recorrido a pie, ya que el interior del barrio tiene restricciones de acceso y aparcamiento propias del casco antiguo.
San Andrés y San Pablo resume en un solo paseo dos maneras distintas de crecer que tuvo la Córdoba cristiana: la de una parroquia de labradores que fue ganando peso con el tiempo y la de un barrio nacido de golpe alrededor de un gran convento dominico. Sus palacios renacentistas, sus fuentes centenarias y el trazado de collación medieval que todavía se reconoce en sus calles lo convierten en una parada obligada para quien quiera entender cómo se organizó la ciudad tras la conquista de 1236.
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