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La Plaza de la Corredera en Córdoba está en el corazón del casco antiguo, entre la Axerquía y el centro comercial más actual de la ciudad. Es una plaza pública y se recorre a cualquier hora, pero lo que más ayuda a entenderla es fijarte en su forma y en su arquitectura.
Al llegar se reconoce fácil porque es la única plaza mayor cuadrangular de Andalucía con el estilo de las plazas castellanas. Te verás dentro de un rectángulo cerrado por fachadas bastante uniformes, con soportales en la planta baja y tres alturas de edificios. Ese perímetro regular es el resultado de la gran reforma de finales del siglo XVII, cuando el corregidor Francisco Ronquillo Briceño impulsó las obras que le dieron su configuración actual.
La Plaza de la Corredera está en el casco antiguo de Córdoba, entre la Axerquía y la zona más comercial de la ciudad. Es una plaza pública que se recorre a pie y que funciona como punto de paso y de encuentro.
Se reconoce al llegar porque es la única plaza mayor cuadrangular de Andalucía con aire de plazas castellanas. El espacio es rectangular y está rodeado por edificios de tres plantas, con soportales en la planta baja y balcones en las alturas. En ese anillo de soportales se concentra buena parte de la vida diaria de la plaza, con bares y restaurantes alrededor.
En la Plaza de la Corredera conviene fijarse en tres puntos porque explican su papel como plaza mayor y como espacio ligado al mercado y a la vida diaria de Córdoba.
En el centro de la plaza está el edificio que concentra buena parte de su historia. Ha tenido usos distintos desde el siglo XVI. En origen se impulsó como casa consistorial y cárcel (desde 1586), por iniciativa del corregidor Don Juan Gaitán de Ayala, con obra del arquitecto Juan de Ochoa.
Más tarde, en 1845, pasó a ser fábrica de sombreros de José Sánchez Peña, el empresario que introdujo en Córdoba la máquina de vapor. Tras el cierre, se autorizaron puestos de venta y en 1887 se instaló el mercado de Sánchez Peña, que llegó a tener 87 puestos. Hoy mantiene el mercado en la planta baja y un espacio de uso municipal en el edificio.
Recorren el perímetro de la plaza y ordenan el paseo a nivel de calle. Bajo ellos se agrupan los locales de hostelería, y la Corredera funciona como punto de encuentro para parar a tomar algo.
Es una de las entradas principales y un buen punto para entender la forma de la plaza al llegar. Desde ahí se percibe el conjunto, la fachada continua y el efecto de plaza mayor dentro del casco antiguo de Córdoba.
La Plaza de la Corredera se entiende mejor si la miras como un espacio que ha ido cambiando de uso con los siglos.
Su origen se sitúa en época romana, cuando esta zona formaba parte de una gran explanada vinculada al circo romano de Corduba (siglos II y III d. C.). De esas fases antiguas también se conocen restos de una domus romana en el entorno, que han aparecido en distintas intervenciones.
En época andalusí, el área quedó dentro de la zona que hoy identificamos con la Axerquía. Entre los siglos X y XIII fue un espacio con actividad comercial y artesanal, donde convivían distintos grupos y se mantenía el carácter de explanada vinculada a ventas y oficios.
Ya en los siglos finales medievales y modernos, el lugar fue consolidándose como plaza urbana. En el siglo XVI aparece una fase clave: se levantan edificios de función pública y el espacio empieza a parecerse más a una plaza mayor, con usos como casa consistorial y cárcel.
El gran giro llega a finales del siglo XVII. Entre 1683 y 1687, el corregidor Francisco Ronquillo Briceño impulsa la reforma que le da su aspecto más reconocible: se ordenan las fachadas, se crean los soportales y se busca una plaza más simétrica, pensada para celebrar espectáculos y, de forma destacada, corridas de toros, de ahí el nombre de Corredera.
Al salir de la Plaza de la Corredera por el Arco Bajo, a pocos pasos aparece la Ermita de Nuestra Señora del Socorro, ya en la Plaza del Socorro. Es una parada corta, pero ayuda a entender una parte muy ligada a la vida del entorno de la Corredera.
Su origen se remonta al siglo XV, lo que hoy vemos como ermita formó parte del Hospital de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de los Ángeles. La ermita original estaba dentro de la propia plaza, pero cuando el corregidor Francisco Ronquillo Briceño acomete la gran reforma de finales del siglo XVII (1683), se traslada a su ubicación actual para mantener la uniformidad de la plaza.
Hay un detalle que suele llamar la atención incluso con la ermita cerrada: el camarín donde está la Virgen sobresale del edificio y queda colgado sobre la calle Toril. Si pasas por ahí, caminas literalmente por debajo. Además, hay ventanas exteriores desde las que se puede ver la imagen desde la calle.
En el interior está la Virgen del Socorro, muy vinculada a la Corredera y a la actividad comercial del entorno, tradicionalmente como protectora de los comerciantes del mercado de abastos. La fachada actual es de estilo barroco (finalizada hacia 1696), con dos cuerpos y una hornacina superior con una réplica de la Virgen. Dentro, el retablo mayor es barroco, fechado en 1791 y realizado por Alonso Gómez Caballero, y la imagen titular fue coronada canónicamente en 2003.
La Plaza de la Corredera cambia mucho según la hora, y eso es parte de su uso real hoy. Por la mañana, el ritmo lo marca el Mercado de Sánchez Peña y los comercios del entorno, es cuando tiene sentido venir si quieres verla con movimiento diario y con la plaza funcionando como punto de compra en el casco antiguo.
A partir de la tarde, y sobre todo por la noche, la plaza se llena de gente en los soportales y en las terrazas. En verano, con el calor de Córdoba, esto se nota más: durante las horas centrales suele haber menos vida y el ambiente se traslada a la noche, cuando vuelve a ser punto de encuentro para vecinos y visitantes.
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