Plaza de la Trinidad
Escrito por guías oficiales

La Plaza de la Trinidad es una plaza peatonal del casco histórico de Córdoba, situada en el tramo que conecta la Judería con el centro de la ciudad. Le da nombre la iglesia de San Juan y Todos los Santos, antiguo convento trinitario, pero para quien pasea por la zona funciona sobre todo como cruce de caminos entre callejuelas estrechas y calles con más movimiento, como Tesoro o San Felipe.
La plaza está delimitada por las calles Lope de Hoces, Sánchez de Feria, Horno de la Trinidad y Tesoro. Es también el lugar donde murió el poeta Luis de Góngora, uno de los cordobeses más ilustres, lo que ha convertido este rincón en parada habitual de quienes siguen su rastro por la ciudad.
La Plaza de la Trinidad en el mapa de Córdoba
Situar la Plaza de la Trinidad en el plano de Córdoba ayuda a entender para qué sirve, más allá de sus monumentos. Queda justo entre el entramado de la Judería, a la que se accede por la calle Lope de Hoces en dirección a la Puerta de Almodóvar, y las calles más comerciales que llevan hacia el centro, como la calle Tesoro, que conecta con la plaza de Ramón y Cajal y desde ahí con zonas como San Felipe o Tendillas.
Por eso buena parte de quienes cruzan la plaza no lo hacen para visitarla, sino porque es el camino natural entre dos zonas muy distintas de la ciudad: el trazado estrecho y sinuoso de la Judería y las calles algo más abiertas del centro. Esa función de cruce explica por qué, aunque está flanqueada por edificios con siglos de historia, muchos la atraviesan sin detenerse, camino de la Mezquita o de la Plaza de la Corredera.
Historia de la plaza y su entorno
El origen de la plaza está ligado al convento de la Santísima Trinidad, fundado por los trinitarios poco después de la conquista cristiana de la ciudad por Fernando III en 1236, con la fundación del convento fechada en 1241. El edificio original sufrió varios derrumbes y reconstrucciones a lo largo de los siglos: la iglesia que hoy ocupa la plaza, atribuida al arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo, se inauguró el día de la Santísima Trinidad de 1705, con una fachada fechada en 1703 que introdujo en Córdoba las columnas salomónicas.
La plaza fue también el escenario final de la vida de Luis de Góngora. El poeta murió el 23 de mayo de 1627 en una casa de la entonces llamada calle de las Campanas, hoy calle Sánchez de Feria, uno de los límites de la plaza. Una placa en la fachada de la iglesia recuerda el hecho y, frente a ella, mirando hacia el antiguo Palacio de los Duques de Hornachuelos, se levanta desde 1967 un monumento en bronce al poeta, obra del escultor Amadeo Ruiz Olmos, inaugurado precisamente un 23 de mayo.
Así, quien cruza hoy la plaza camino de la Judería o del centro pasa, sin necesariamente saberlo, por el lugar donde Góngora dio sus últimos pasos, convertido siglos después en parada obligada de cualquier ruta literaria por Córdoba.
Qué ver en la Plaza de la Trinidad
La Iglesia de San Juan y Todos los Santos
La iglesia que preside la plaza, dedicada a San Juan y Todos los Santos, es una referencia del barroco cordobés. Su interior es de nave única, cubierta con bóveda de medio cañón y lunetos con ventanas, y su fachada principal, de 1703, introdujo por primera vez en la ciudad el uso de columnas salomónicas.
El retablo mayor, encargado en 1724 al escultor Juan Fernández del Río, se considera una de las piezas cumbre del barroco cordobés por el detalle de su ornamentación. El templo ocupa el solar del antiguo convento de la Trinidad, fundado en 1241, del que apenas quedan restos visibles tras las sucesivas reconstrucciones.
El torreón de origen almohade
A pocos pasos de la Plaza de la Trinidad, en la vecina Plaza de San Juan, se conserva uno de los alminares más antiguos de Córdoba: el de la antigua mezquita de San Juan, construido a mediados del siglo IX o principios del siglo X, en la transición entre el Emirato y el Califato (no de época almohade, como a veces se indica). No es la torre de la propia iglesia de la Trinidad, sino un edificio independiente, integrado hoy en la iglesia de San Juan de los Caballeros.
La torre, de planta cuadrada de 3,70 metros de lado y 10,92 metros de altura, conserva arcos de herradura geminados sobre columnas de mármol de origen visigodo, y está declarada monumento histórico-artístico desde 1931. Es una parada rápida pero recomendable para quien ya está en la zona, antes o después de visitar la Plaza de la Trinidad.
Las calles de acceso desde la Judería
Desde la Judería, el acceso más directo a la Plaza de la Trinidad es por la calle Lope de Hoces, que enlaza con la Puerta de Almodóvar, una de las antiguas puertas de acceso al barrio judío. Es un recorrido corto, de calles estrechas típicas del entramado medieval, que desemboca de forma natural en la plaza.
La propia plaza limita además con las calles Sánchez de Feria, Horno de la Trinidad y Tesoro, lo que la convierte en cruce de varios itinerarios peatonales del casco histórico, tanto para quien viene de la Judería como para quien se dirige hacia el centro.
Cómo llegar a la Plaza de la Trinidad
La Plaza de la Trinidad funciona como bisagra entre la Judería y el centro de Córdoba, lo que la convierte en un cruce casi obligado en cualquier paseo por el casco histórico. Desde el entramado de la Judería se llega por la calle Lope de Hoces hasta la Puerta de Almodóvar; en dirección contraria, la calle Tesoro conecta la plaza con la plaza de Ramón y Cajal y, desde ahí, con la zona de San Felipe y Tendillas.
Esta doble conexión explica por qué merece la pena tenerla en cuenta al planificar una ruta a pie por Córdoba: sirve tanto de punto de partida hacia la Judería y la Mezquita como de enlace hacia la Plaza de la Corredera y el centro comercial. No es una plaza pensada para llegar en coche, sino para cruzarla caminando entre una zona y otra.
La mejor forma de entender el papel de la Plaza de la Trinidad como cruce de caminos es recorrerla a pie, dentro de una ruta más amplia por el casco histórico. El Free Tour por Córdoba, de unas 2 horas de duración y con propina voluntaria de entre 10 y 15 euros por persona, recorre este tipo de rincones de paso entre la Judería y el centro, con explicaciones sobre su historia y su función urbana.
Es una opción flexible para quien quiere conocer Córdoba sin comprometerse de antemano a un precio fijo, y un buen punto de partida antes de dedicar tiempo aparte a visitas más específicas, como la Mezquita o el Palacio de Viana.
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