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San Lorenzo es uno de los barrios del distrito Centro de Córdoba, situado en la antigua Ajerquía, el sector extramuros que la ciudad islámica extendió al este del núcleo original. Sus límites actuales quedan marcados por calles como Obispo López Criado, Cárcamo, la avenida de Ollerías, la Ronda del Marrubial, María Auxiliadora, Escañuela, Custodio y Pozanco, un perímetro que todavía recuerda el trazado de la muralla que protegía este flanco de la ciudad medieval.
Lo distingue su origen como collación fernandina y la continuidad casi intacta de ese nombre desde el siglo XIII hasta hoy, además de un carácter marcadamente vecinal y artesano que se conserva en sus calles estrechas, sus patios floridos y su vida de barrio, lejos del bullicio de las rutas más masificadas del centro monumental cordobés.
San Lorenzo nace como collación tras la conquista cristiana de Córdoba, cuando Fernando III reorganiza en 1236 el interior de la ciudad amurallada en catorce collaciones, siete en la Villa y siete en la Ajerquía. San Lorenzo se cuenta entre estas últimas y toma el nombre de su iglesia parroquial, uno de los templos fernandinos levantados sobre el solar de una antigua mezquita. A diferencia de otras collaciones medievales que cambiaron de nombre o desaparecieron con el tiempo, San Lorenzo ha mantenido su denominación original desde entonces.
El padrón de 1536, estudiado por la historiadora Josefa Leva Cuevas, revela una población más variada de lo que suele asumirse: junto a jornaleros del campo convivían propietarios de lagares y huertos, artesanos y profesionales liberales. Aquel año el barrio aportaba 18 caballeros de premia a la milicia concejil, más que San Andrés (15) o La Magdalena (7), señal de un vecindario con peso económico propio. Por esas mismas calles vivió, entre 1474 y 1477, un joven Gonzalo Fernández de Córdoba, el futuro Gran Capitán, retenido en libertad condicionada en casas de la familia Ruiz de Cárdenas durante las luchas nobiliarias del reinado de Enrique IV.
El siglo XVII trajo el declive: la desaparición de la clase de los caballeros de premia y la crisis económica del imperio español golpearon a un barrio que además sufrió con dureza los brotes de peste de mediados de siglo. San Lorenzo fue perdiendo peso frente al centro comercial de la ciudad, pero conservó su trama de calles estrechas, sus patios y su carácter de barrio de gente trabajadora, rasgo que sigue definiendo hoy su identidad dentro del distrito Centro.
El recorrido por San Lorenzo se hace a pie, sin prisa, entre calles que conservan buena parte del trazado medieval. Estos son algunos de sus puntos más representativos.
La plaza de San Lorenzo, con su fuente, es el punto natural donde arranca cualquier paseo por el barrio. La preside la Iglesia de San Lorenzo, uno de los templos fernandinos que Fernando III mandó construir tras la Reconquista de 1236, con su característico rosetón gótico y su torre alzada sobre un antiguo alminar. Sin entrar en el templo, que merece visita aparte, la propia plaza y las callejuelas encaladas que la rodean ya resumen bien el ambiente del barrio.
En la plaza de San Rafael se levanta la Iglesia del Juramento de San Rafael, construida entre 1796 y 1806 por el arquitecto Vicente López Cardera con la que se considera la última fachada neoclásica erigida en Córdoba. El templo señala el lugar donde, según la tradición, el arcángel Rafael se apareció al sacerdote Andrés de las Roelas el 7 de mayo de 1578 y juró proteger la ciudad, episodio que dio origen a la devoción cordobesa al arcángel custodio.
En la calle María Auxiliadora, antigua calle Mayor de San Lorenzo, la Sociedad de Plateros abrió en 1925 su bodega y taberna central en el número 159. Esta asociación mutua de plateros cordobeses, considerada la sociedad de socorro mutuo más antigua de España, mantiene desde finales del siglo XIX una tradición tabernaria que convirtió el local en punto de encuentro de tertulias y vida vecinal, y que sigue funcionando hoy como una de las tabernas históricas de la ciudad.
Junto a la Ronda del Marrubial, sobre el antiguo huerto de los trinitarios, el Ayuntamiento inauguró en 1992 el Jardín de los Poetas, diseñado por el arquitecto municipal Juan Serrano Muñoz con el agua como eje del recorrido. El jardín se apoya en un tramo conservado de la muralla almohade que cerraba la Ajerquía por su lado este, uno de los pocos restos visibles del cinturón defensivo que protegió este barrio durante la Edad Media.
San Lorenzo participa cada mes de mayo en la Fiesta de los Patios de Córdoba, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2012. En la calle Trueque, el Patio del Trueque se ha convertido en sede del Centro de Interpretación de la Fiesta de los Patios, donde puede visitarse todo el año un patio tradicional con pozo, solería cordobesa y un jazmín centenario, y conocerse el origen de una fiesta que cada primavera llena de macetas las calles del barrio.
San Lorenzo está a poca distancia a pie del centro de Córdoba. Desde la Plaza de las Tendillas el paseo hasta la plaza de San Lorenzo apenas lleva unos minutos; desde la Mezquita-Catedral, cruzando el casco histórico por San Andrés y Santa Marina, el trayecto ronda los 20 minutos caminando. En autobús urbano, la línea 1 de Aucorsa conecta directamente el barrio, con parada propia llamada San Lorenzo, con Claudio Marcelo-Tendillas, discurriendo por la Ronda del Marrubial, uno de los límites históricos del barrio.
San Lorenzo se recorre mejor sin prisa, dejándose llevar por sus calles estrechas y sus patios floridos. Es un barrio para caminar, entrar en su taberna centenaria y descubrir, lejos de las rutas más masificadas del centro monumental, cómo sigue siendo hoy lo que fue desde el siglo XIII: un barrio de gente trabajadora que ha sabido conservar su identidad.
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